
Las estatuas del parque del Retiro, en Madrid, son muy especiales y por la noche cobran vida. Y en una ocasión de apuro, la de Pío Baroja reclamó la ayuda de un muchacho, para solucionar un problema urgente que padecía. Sin embargo, a las estatuas de los médicos no les gustó nada la solución adoptada por el escritor, así que se reunieron en asamblea para tomar medidas; lo mismo hicieron las de los literatos para apoyar a Baroja, por lo que el lío fue creciendo y creciendo...